Era una de esas noches en la que se celebraba el evento cultural «LA NEGRITA LINDA», Y los chicos de aquella institución esperaban con ansias aquel día festivo en el cual celebraba una fiesta en el parque de la iglesia católica, entre risas y alcohol comenzaron a contar historias de terror. En la misma calle más abajo cerca de la escuela de «Don Lao», estába el cementerio y uno de ellos comentó lo mucho que le aterraba pasar por allí. Aprovechándose del miedo de su amigo, Carlos advierte a sus amigos cesar el tema y continuar con su festejo.
Entre palabras Carmen réplica.-
– Ni se nos ocurra nunca pisar sobre una tumba cuando sea de noche. Si lo haces, el muerto te toma los pies y te jala para abajo.
– Mentira – replicó Andrea– Eso son sólo cuentos de nuestros abuelos.
– Si tan valiente te crees ¿por qué no nos lo demuestras? Te doy 20 dólares si te atreves, apostó Carlos.
– A mí no me dan miedo las tumbas ni los muertos, respondió ella. Si quieres te lo demuestro ahora mismo.
Carlos asumió y le dijo. Cuando estés ya en la tumba te pones a saltar y bailar y clavas tus tacones en la tumba. Así sabremos que has estado allí. Sin dudarlo Andrea cogió los tacones y se dirigió con paso firme al campo santo bajo la mirada atónita de sus amigos.
El cementerio estaba lleno de sombras y había un silencio sepulcral y sin quererlo el miedo se fue adueñando de la chica que con cada paso sentía cientos de ojos vigilarla y un aliento helado en la nuca.
– “No hay nada a que tenerle miedo”, se repetía Andrea para tratar de calmarse a si misma.
Escogió una tumba vacía sin nicho y pisó sobre ella. Después se agachó rápidamente y empezó a bailar y saltar, clavó en el suelo los tacones y se dispuso a marcharse. Pero no pudo. ¡Algo la retenía! Lo intentó de nuevo, pero seguía sin poder moverse. Estaba aterrada.
– ¡Alguien me sujeta! gritó, y cayó al suelo.
Al ver que no regresaba, los chicos fueron en su busca. Encontraron su cuerpo tumbado sobre la sepultura, fría, rígida y con la cara totalmente desencajada del miedo. Sin darse cuenta, Andrea se había enganchado la falda con la punta de los tacones al clavarla en el suelo. Eran los tacones lo que la retenía y ella había muerto de miedo tras sufrir un ataque al corazón.






