En Chamanga hay muchas leyendas urbanas como leyendas históricas, yo les voy a contar una leyenda poco conocida, pero que se remite a la realidad, pues son hechos que sucedieron, a lo largo de los años  80 en el conocido caserío de la «Y», donde las pequeñas casas estaban alejadas de la cabecera central y la población se dedicaba a la agricultura y el pastoreo de ganado y otros bovinos, muchas de las personas eran ingenuas y sumisas.

Empezó a ocurrir algo espantoso, comenzaron a haber desapariciones entre los pobladores, primero la señora que vendía los corviches, luego el vecino de los batidos, y así sucesivamente, tanto así que se podía contar que entre una familia había entre dos a tres miembros que habían desaparecido, por ser alejado este pueblo de las grandes ciudades no recibían la ayuda necesaria del estado y también le era ajeno el problema, hasta que una persona descubrió la forma como desaparecían los pobladores y hacia donde iban a parar

Una noche de lluvia fuerte don Victorino llegaba cansado de laborar todo el día de tocar la guitarra, se había hecho tarde y la torrencial lluvia lo había agarrado desprevenido, con la ropa y su guitarra empapada y con el frio que carcomía hasta los huesos, aguardaba el paso pues calculaba aún una media hora para llegar a su casa, la noche le absorbía la visión y solo divisaba a dos pasos delante de el cuando de pronto sintió una presencia detrás de él, no veía nada pero sentía esa sensación, apuró el paso y la sombra también lo hacia, empezó a correr y la sombra corría hacia el, desesperado y exhausto tropezó y la sombra se le vino encima y le golpeó la cabeza.

Cuando abrió los ojos sentía sus manos amarradas y adormecidas, con un cabo grueso y húmedo, aún tenia el chorro de sangre que ya se secaba en su mejilla por el golpe, estaba en una lugar muy oscuro y fangoso, y a su alrededor unos murmullos y risas de ultratumba se entremezclaban con gemidos, intentó liberar sus manos pero el cabo estaba bien amarrado y le apretaba fuerte con el que había sido maniatado, al acomodarse y sentarse sintió el piso húmedo como fangoso y un olor rancio y podrido, repto a la luz y sintió los chillidos mas fuertes, se incorporó mareado y se dio cuenta que estaba en el manglar y que unos candiles de querosin agónicos alumbraban dentro de la profundidad del espeso bosque de moluscos.

Al ver con mayor claridad, pues su iris se había acostumbrado a la luz del sitio,  vio algo espantoso, en las ramas habian colgados como ropa recién lavada muchos cadáveres, algunos decapitados, otros sin las extremidades, desollados, había cuerpo de niños, de jóvenes mujeres, muchos de ellos conocido, su cuerpo se dilato, mas aún al sentir el grito espantoso de un joven que aún vivo le desollaban y le quitaban sin piedad alguna los ojos de su cuerpo, con la fuerza que le quedaba y aprovechando que no lo veían trato de huir y buscola salida, pues los de adentro lo creían aun desmayado por el fuerte golpe que le habían propinado, por suerte encontró la salida y corrió y corrió y llegó a su casa, contó todo lo que había visto, la gente indignada se juntó, con antorchas y armadas con lo que tenían en mano llegaron a la cueva, con temor entraron, encontraron todo lo que había descrito don Victorino, los cuerpos colgados y desollados, habría mas de cien cuerpos mutilados, y el piso era un río pegajoso de sangre y resbaladizo que se mezclaba entre las raíces usurpadas de los manglares que colonizan aquella zona espesa y olvidada, estába el mechero del cuerpo aún tibio de la última persona que habían mutilado, pero no encontraron a nadie mas.

Mucho después se descubrió la verdad, llegó la prensa por fin la policía y personal calificado, descubrieron que los cuerpos tenían todos sus órganos menos sus ojos, a estos hombres se les conoció después como «LOS ASESINOS DE LA Y» eran desalmados enfermos que se dedicaba al tráfico de ojos  humanos con fines comerciales, luego de los años las personas que conocían esta historia no la contaban a sus hijos con tal no recordar aquellos momentos desraigados que vivio el pueblo de Chamanga en aquellos años.